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en las JMJ de Cracovia 2016

A mi regreso de Cracovia, voy a daros algunas noticias sobre nuestra magnífica experiencia vivida en las JMJ con ocasión de la distribución de los libros “Amar es darlo todo”.

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La Dirección de las JMJ había solicitado enviar los libros a las diócesis de Polonia para las catequesis que precedían a las jornadas de Cracovia. Recibimos la lista de 41 diócesis que se habían inscrito para recibir a los jóvenes, con el número de inscritos en cada lengua. Además, éramos los encargados de distribuir el libro en Blonia, lugar de encuentro de los 4 primeros días, y en el Santuario San Juan Pablo II, por el que pasarían durante aquella semana todos los peregrinos. Después de meses de negociación, la Dirección de las JMJ había conseguido la exención de la TVA para el transporte de los libros, enviados todos al arzobispado de Cracovia.

El Papa nos echa una mano

Así es como preparamos un millón de libros para Polonia: unos 550.000 para las diócesis y 450.000 para Cracovia, en un total de 12 lenguas. La logística, envío, transporte, la realizó de modo magistral el equipo de Schumacher SA, nuestro encuadernador. Incluso, antes de las JMJ, su oficial de logística viajó a Polonia en dos ocasiones para resolver los asuntos con el transportista polaco. Por nuestra parte, continuábamos nuestra campaña de recogida de dinero y seguíamos con los preparativos necesarios para el equipo de 45 personas que iban a ir a distribuir el libro: reservas de habitación, organización del viaje, distribución de las tareas y lugares, enlace con la Dirección de las JMJ. Y muy a menudo, recibíamos llamadas del Vaticano interesándose sobre la marcha de las diferentes cuestiones, para ver en qué punto nos encontrábamos. El papa Francisco, a través de sus más próximos colaboradores, ha seguido muy de cerca todo el proceso y ha echado una mano en los temas que parecían no tener solución.

Personalmente, salí para Cracovia el 20 de julio para que todo estuviera a punto a la llegada del grupo, prevista para el lunes 25 de julio. No me faltaron los quebraderos de cabeza: problema de medio de transporte, controversia sobre el lugar de nuestra distribución, pérdida de nuestras tarjetas de identificación, etc. etc. Finalmente, todo se solucionó, y ya estaba preparada para acoger a nuestras colaboradoras y colaboradores: religiosas, religiosos, laicos, jóvenes, no tan jóvenes, creyentes, buscadores de Dios. Todo este grupo se reunió en el hotel para celebrar una eucaristía y ser enviado en misión, una misión de alegría y servicio. Cada una y cada uno era llamado a difundir el mensaje de la alegría del Evangelio, de la alegría de la Vida Consagrada, con todo su ser, toda su fuerza, todo su entusiasmo, según lo que el Espíritu le inspiraría. La única consigna recibida para la distribución: seguir lo que la voz del Espíritu me sugiere en mi interior.

Unos encuentros hermosos

Nuestra distribución, con el hábito, camiseta y gorra naranja, comenzó el martes por la mañana, según el horario previsto. Hubo que encontrar sus puestos, dejarse empujar, desplazarse en el interior de los encuentros, los acontecimientos imprevistos, los pasos de multitudes y los tiempos más muertos. Tuvimos que aprender a gestionar la afluencia, a organizarnos, a descubrir poco a poco la procedencia de los jóvenes para ofrecerles el libro en la lengua apropiada. En el santuario San Juan Pablo II, cometimos el error de ofrecer los libros únicamente en polaco, pensando que los jóvenes de este país pasarían todos por allí. Pero de hecho, los polacos dejaron la preferencia a los jóvenes de los otros países ya que ellos podían visitarlo en otra ocasión. Por este motivo, distribuimos pocos en este lugar, pero tuvimos hermosos encuentros con jóvenes de todos partes. Concretamente a mí, me impresionó mucho el diálogo que tuve con una novicia siria, que debe hacer su noviciado en el Líbano, ya que su comunidad fue expulsada de Damasco y Alepo. Todos los sirios vestían una camiseta blanca sobre la que llevaban escrito en negro: Peace is possible (la paz es posible).

En Blonia, cuanto más avanzaban los días y las horas más numerosa era la multitud que acudía. El martes por la tarde, después de la misa de apertura presidida por el Cardenal Dziwisz, subí al estrado con otras 4 religiosas y religiosos para presentar el libro a la asamblea. Durante todos estos días, teníamos muy presente la parábola del sembrador. Dábamos, sin saber si la tierra de acogida haría fructificar el mensaje. En alguna ocasión, encontrábamos unos libros por la calle, los recogíamos para entregarlos de nuevo, confiando en el Espíritu que guía los corazones. Nuestra misión era «darlo todo», por amor. También recibimos mucho agradecimiento, muchos nos daban las gracias, nos hacían preguntas y comunicaciones que llevábamos a la oración. Jóvenes rumanos que cogían los libros para sus compatriotas que no habían podido venir, jóvenes venidos de países en guerra o bajo régimen dictatorial que estaban allí, oficialmente como turistas, pero en realidad más peregrinos que todos los demás.
Una puesta en común emocionante

El último día, el viernes fue una jornada magnífica. Estábamos todos en Blonia para distribuir el libro después del vía crucis tan bien animado y tan bien comentado por el papa Francisco. Había una multitud inmensa, más de un millón de personas. Estábamos preparados y sembramos con creces el mensaje de la alegría de la Vida Consagrada a unos jóvenes alegres, sobrios, entusiastas sin histerias, amables y radiantes.

El sábado al atardecer, puesto que habíamos decidido no ir a la explanada de la vigilia por hallarse demasiado alejada para el transporte de los libros, vivimos entre nosotros una eucaristía de final de misión en el hotel. Cada uno pudo compartir con el grupo cómo había vivido la semana, lo que le había impresionado, cómo había «amado y dado todo». Fue una experiencia muy profunda, muy auténtica, vivida en verdad y acogiendo al otro. Depositamos nuestra semana en la patena y el cáliz, confiando a Jesús el crecimiento y la maduración de nuestra pequeña contribución a Su misión.
Regreso al son del cuerno de los Alpes

El domingo por la mañana, el autocar esperaba a los distribuidores a las 9 h y, al son del cuerno de los Alpes, traído por nuestro oficial de logística, el grupo emprendió el camino de regreso que duraría 23 h. El oficial de logística y yo nos quedamos hasta el martes para arreglar algunos asuntos y hacer las cuentas. La distribución en las diócesis se realizó sin problema, y en Cracovia, entregamos 225.000 libros en 4 días. Las ediciones en inglés, francés, español, portugués, ucraniano, italiano se agotaron por completo. Quedaban algunos en lengua rusa, que entregamos a las Hijas de la Caridad, siempre tan generosas, para sus comunidades de Rusia; algunos en lengua rumana, que se enviaron a Rumanía a un sacerdote que había venido a Cracovia; algunos en lengua croata que serán enviados a las Hermanas de Ingenbohl, en Croacia, y se hará lo mismo con los que quedaban en alemán y vietnamita. Quedaron más cantidad de libros en polaco pero fácilmente encontraron comprador: el santuario San Juan Pablo II, donde los pelegrinos del Año de la Misericordia seguirán afluyendo, y las diversas comunidades religiosas y parroquias indicadas por nuestros dos grandes colaboradores en Cracovia: el Padre Marek, jesuita, y Katarzyna, la traductora del libro al polaco.

Y todo empieza…

Antes de abandonar Polonia, fuimos a dar las gracias y despedirnos del Padre Grégoire, secretario general de la organización de las JMJ. Ha realizado un trabajo titánico y en su conjunto, todo ha ido bien. La seguridad era extraordinaria, estricta y amable; la gestión de los desplazamientos estaba muy bien pensada, casi todos de sentido único para evitar las aglomeraciones; el ambiente era tranquilo y sereno, alegre y profundo. Los jóvenes han oído palabras llenas de sentido, palabras que les hablan, les conciernen y les tocan.

De nuevo una llamada del Vaticano a Daniel para darle las gracias y felicitarle. Y las verdaderas JMJ comienzan en el día a día, en el que cada uno es llamado a dar testimonio de la fe que ha podido alimentar y profundizar. En el aeropuerto de Cracovia, un joven de América del Sur estaba ahí, con la mochila de libros en la espalda, dispuesto a llevar a cabo su misión. A la vuelta, una joven francesa me llama por teléfono para decirme que había perdido el libro recibido en las JMJ y preguntarme cómo podía obtener un nuevo libro. Una librería encarga unos libros para la América Latina, una joven española busca dónde comprarlos en España.

La semilla está sembrada. ¡Que el Espíritu Santo la haga crecer y madurar con creces!

Sí, verdaderamente, como estaba escrito en nuestras camisetas: Love is giving everything (Amar es darlo todo).

Sr Anne-Véronique Rossi

Participe a la campaña para financiar el envío
del libro “Amar es darlo todo” en África.